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CARIDAD, LA NUESTRA

Sep 8
5 min read

Updated: Sep 8


Hay días que pertenecen a un país entero.

El 8 de septiembre es uno de ellos.

Hoy, millones de cubanos, dentro y fuera de Cuba, volvemos nuestros ojos hacia una misma imagen: una pequeña Virgen que lleva más de cuatro siglos acompañando la historia de nuestra tierra.

Para algunos, estará en el altar de una iglesia.

Para muchos, será apenas una estampita guardada entre las cosas que uno cuida.

Y para otros, será solamente un recuerdo: un girasol, una vela encendida, un vestido amarillo… o una margarita en el cabello.

Porque no hace falta estar frente a una imagen para sentirla cerca, para llevarla en el corazón.

Hay cosas que uno puede dejar atrás cuando abandona un país: la casa, la calle, el barrio, la escuela, los amigos… hasta el olor de la tierra después de la lluvia.

Pero hay cosas que uno se lleva sin darse cuenta.

La voz de una madre llamando desde otra habitación.El sabor de un café hecho a la cubana.Una canción.Un recuerdo.Y a cachita.

La Virgen de la Caridad del Cobre no pertenece solamente a quienes practican una religión.

Pertenece también a la memoria de Cuba.

Ha estado presente en nuestras alegrías y en nuestras desgracias, en nuestras guerras y en nuestras despedidas, en nuestras promesas y en nuestras lágrimas.

Le hemos pedido salud para un hijo, protección para un familiar, fuerza para quien estaba lejos y consuelo para quien ya no podía más.

Quizá por eso, cuando decimos “Cachita”, no estamos hablando solamente de una Virgen.

Estamos hablando de Cuba.

De una Cuba que lleva demasiado tiempo separada de sí misma.

De familias que aprendieron a abrazarse por teléfono.

De madres que envejecieron esperando.

De nietos que crecieron lejos de sus abuelos.

De hermanos que han tenido que madurar entre fotos.

De quienes tuvieron que partir y de quienes nunca llegaron.

Y, sin embargo, después de tantos años, de tantas distancias y tantas heridas, seguimos encontrándonos en el mismo lugar.

Con ella.

Con Cachita.

Hoy, 8 de septiembre, mientras la celebramos una vez más, todavía desde la distancia y los recuerdos, demos unos pasos atrás en el tiempo y regresemos a aquella mañana en que tres personas miraron hacia las aguas de la Bahía de Nipe y vieron algo que parecía imposible.

Algo pequeño flotaba sobre el mar.

Se acercaron.

Y allí, sobre una tablita de madera, encontraron a una Virgen.

Sus ropas estaban secas.

Y llevaba consigo un mensaje:

“Yo soy la Virgen de la Caridad.”

Aquel encuentro marcaría para siempre la historia de Cuba. Con el paso de los siglos, aquella pequeña imagen llegaría a convertirse en la Patrona de la Isla y, para millones de cubanos, en mucho más que una figura religiosa: en una presencia inseparable de la memoria de nuestra tierra.

Pero la historia de Cachita, como la historia de Cuba, tampoco estaría libre de tormentas.

Y hubo dos años que quedaron unidos de una manera particularmente inquietante a la historia de la imagen, 1899 y 1959.

Dos momentos de profundas transformaciones para Cuba.

Y dos momentos en los que la imagen de la Virgen sufriría daños que quedarían para siempre en la memoria de quienes la veneran.

En 1899, Cuba acababa de salir de una guerra y entraba en una nueva etapa de su historia. Ese mismo año, la imagen de la Virgen sufrió una profanación en el Santuario de El Cobre. Fue una destrucción casi total: entre los daños, le fue arrancada la cabeza. Posteriormente, esta fue recuperada y la imagen pudo ser restaurada.

Sesenta años después, en 1959, la historia volvería a cruzarse con el camino de Cachita.

Aquel año, la Virgen salió de su Santuario del Cobre para recorrer Cuba con motivo del Congreso Católico Nacional. Llegó a La Habana el 28 de noviembre, donde fue recibida por una multitud de cubanos.

Y durante aquel recorrido ocurrió el segundo episodio.

Según el testimonio de Francisco Figueroa Marrero, quien años después participaría en la restauración de la imagen, un cable eléctrico golpeó a la Virgen durante la procesión. Su relato señala que el impacto llegó a desprenderle la cabeza. Otra versión del mismo episodio precisa que el golpe afectó directamente la corona.

La imagen fue reparada provisionalmente y continuó su camino.

Y quizás lo más inquietante no sea solamente lo que le ocurrió a la Virgen.

Sino cuándo ocurrió.

En 1899, Cuba estaba entrando en una nueva etapa después de una guerra que había dejado profundas heridas.

En 1959, Cuba volvía a entrar en una transformación que cambiaría para siempre la vida de millones de personas, provocaría separaciones, exilios y heridas que todavía hoy siguen abiertas.

Dos años.

Dos momentos de ruptura.

Y dos veces en que Cachita sufrió daños graves.

¿Es una coincidencia?

¿Es simplemente uno de esos acontecimientos que el paso del tiempo terminó uniendo en nuestra memoria?

¿O es una de esas historias que miramos y no podemos evitar preguntarnos si significan algo más?

No lo sabemos.

Y tal vez no haga falta saberlo. Lo único cierto es que ha transcurrido más de medio siglo y la isla aún se encomienda a su Patrona.

Hoy queremos pedirle que proteja a todos los cubanos.

A los que están dentro de la Isla.

A los que viven lejos.

A los que tuvieron que partir.

A nuestros niños, nuestros ancianos, nuestras madres, nuestros padres y nuestros hijos.

A los que esperan.

A los que lloran.

A los que todavía tienen esperanza.

Que nos acompañe en cada lugar donde haya un cubano que la recuerde.

Y cuando llegue el momento de reconstruir nuestra tierra —porque llegará—, que nos dé la fuerza para hacerlo.

Porque Cuba podrá estar herida, pero no ha muerto.

Y nosotros tampoco.

Hoy, después de tanto, solo deseamos una cosa:

LIBERTAD.

Y bueno, quizás también, una pequeña locura.

Caridad, si alguna vez tienes que volver a perder la cabeza, que sea por nosotros.

Que sea para que mueran el dolor y la desesperanza.

Para que las familias vuelvan a abrazarse.

Para que ningún otro cubano tenga que despedirse de su tierra jamás.

Y para que, algún día, podamos volver a hablar de Cuba sin tener que hablar primero de sus heridas.

Porque quizás ese sea nuestro propio compromiso con ella:

Sanar, rehacernos y rehacerla, con nuestros recuerdos y nuestros sueños, con todo lo que nunca pudieron quitarnos.

Tal vez entonces podamos mirar nuevamente hacia El Cobre y recordar que aquella pequeña Virgen que un día apareció flotando sobre las aguas de la bahía sobrevivió a tormentas, guerras, profanaciones, separaciones y exilios.

Y nosotros también.


VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE, PROTEGE HOY A TU PUEBLO.




















 
 
 

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